EL ESTADO ACTUAL DE LA SEMILLA TRADICIONAL

 

 

“Las semillas contienen un profundo conocimiento de la naturaleza que se encuadra en un sistema de pensamiento y en última instancia en una cosmovisión que implica una relación diferente con la naturaleza. La apropiación de las semillas mismas conlleva a la expropiación y al usufructo de este conocimiento milenario de la humanidad que ha sido creado, recreado y enriquecido desde hace 10 mil años por una diversidad de culturas ancestrales que mantienen vivo, hasta el día de hoy, este esfuerzo por reproducir tanto la vida vegetal como la humana. (San Vicente y Carreón, 2013)”.

 

     Es aceptado y ampliamente reconocido a nivel internacional el papel fundamental que juegan los recursos fitogenéticos en la mantención y la evolución de la vida. Como base alimentaria, han sido el objetivo directo e indirecto de un sinfín de procesos de domesticación, mejoras y selección llevadas a cabo por las más diversas civilizaciones y grupos étnicos desde hace 10 a 12 mil años (Bellon, 2004; Cubillos y León, 1995; FAO, 1995; FAO, 1996; Plucknett, 1992), en un acto de reconocimiento y dependencia (Baeza, 1994), dando como resultado una riqueza sin precedentes que se ha heredado a la humanidad como un aporte imposible de valorizar.

 

     Han sido, además, la base para miles de medicinas que han permitido y facilitado la vida desde tiempos inmemoriales, y parte fundamental de los más variados centros ecológicos que acogen distintos sistemas de vida en un mundo dinámico y diverso. Este valor, sin embargo, en muchas ocasiones encierra su amplio ámbito tan solo en el sustantivo de “recurso”, ignorando o relegando su trascendencia, como parte de una cosmovisión indígena holística que ha florecido al amparo de dicha biodiversidad, y está íntimamente ligada con su riqueza cultural (Chávez-Servia et al., 2004; San Vicente y Carreón, 2013; Toledo y Barrera-Bassols, 2008), quienes han logrado descubrir en ella un sentido de interdependencia mutuo y armónico, de una profundidad espiritual, difícilmente perceptible por ojos occidentalizados que solo la han cosificado (Leff, 2001) y cuyo valor se ve reducido a un precio monetario que poco sabe de valorar la vida.

 

     Es reconocido además, que dichas comunidades indígenas y también campesinas, en un proceso colectivo, han sido las responsables de mantener dicha riqueza, han sido sus custodios, y sus protagonistas (FAO, 1995; Jeffery, 2002; Kato et al., 2002; Martínez- Alier, 1994; Ribeiro, 2001; Van Dam, 2001; Zerda, 2002). De hecho, la historia de las culturas ha sido la historia misma de la biodiversidad agrícola, han crecido y se han escrito juntas, una no sobrevive sin la otra, como un convenio inalienable que por el bien de la propia humanidad debe mantenerse.

 

     La pérdida de biodiversidad indica per se una pérdida cultural irreparable (FAO, 1995), y es precisamente esta relación la que ha intentado ser disuelta insistentemente desde el descubrimiento de América, y sus posteriores procesos de Conquista y Colonia, dando inicio a una pérdida basada fundamentalmente en el reemplazo y la dependencia, la que alteró esta relación armónica desde sus bases hasta el día de hoy. Y no se trata de desmerecer el gran aporte de especies y variedades traídas por los conquistadores, cuyo origen era fundamentalmente de Oriente, las que sin duda aumentaron el ya amplio listado de especies originadas en América. Sin embargo, fue la imposición de estas, ya sea por la razón o principalmente por la fuerza, la que dio inicio a una pérdida invaluable de recursos vegetales, fundamentalmente por la introducción de monocultivos de exportación, dejando a muchas variedades importantes para la alimentación en un rango de subutilizadas (León, 1992), siendo por lo demás Europa la que salió siempre más favorecida por esta “nueva incursión” comercial (Baeza, 1994).

 

     La historia continúa con esas contradicciones tan propias de la naturaleza humana, es así como la biodiversidad agrícola, a pesar de ser fundamental para la vida, para la salud, para la cultura, la seguridad alimentaria, la calidad de vida y la superación de la pobreza y tantos aspectos de la vida difíciles de enumerar, en los últimos 100 años se ha perdido a un ritmo alarmante y sin precedentes (Bellon, 2004; Biggs, 2004; CDB, 2008; Del Castillo, 2004; Egea y González, 2010; Massieu y Chapela, 2002; Plucknett et al., 1992). Antecedentes entregados por la FAO presentan una cifra realmente preocupante: “desde 1900 se ha perdido aproximadamente el 75% de la diversidad genética de los cultivos agrícolas” (Donelan, 2009; FAO, 1995), y los ejemplos son muy abundantes y cosmopolitas.

 

     “En 1920 un solo productor de semillas como la casa francesa de Vilmorin Andrieux ofrecía tantas variedades de verduras como las que ofrece el catálogo completo de semillas disponibles en Francia en 1981” (Baeza, 1994); “se estima que la India cultivó alguna vez 30 mil variedades de arroz, sin embargo el Instituto Indio de Investigación Agrícola predice que el número se reducirá a no más de 50 variedades” (Donelan, 2009). En Grecia en los últimos 40 años se ha perdido el 95% de las variedades nativas de trigo, en los Estados Unidos ya ha desaparecido más de un 90% de las variedades tradicionales de árboles frutales y de especies hortícolas que aún se cultivaban a comienzos del siglo XX. En España, de 380 variedades tradicionales de melón recolectadas en 1970, hoy no se cultivan más de 15 (Esquinas, 2009). En China en 1945, existían casi 10 mil variedades de trigo, las que en la década del setenta pasaron a ser solo mil (Tuxill, 1999). Definitivamente esta acelerada pérdida está asociada a la actividad humana de los últimos años. Según Toledo y Barrera-Bassols, 2008, “Se estima que la extinción de especies inducida por la actividad humana ocurre a una velocidad 100 veces mayor a la que ocurre bajo condiciones naturales”.

 

     Igual de alarmante que los hechos anteriores, es la manera en que dicho proceso irreversible de pérdida ha sido asumido y enfrentado por los organismos internacionales, los gobiernos y la sociedad en general, que siguen reproduciendo y validando aquellos sistemas, prácticas y acciones que se han establecido como principales causales de lo que en lenguaje científico se denomina “erosión genética”, y que van dejando a la humanidad en un arriesgado estado de vulnerabilidad (Ceccon, 2008) como sociedad y como especie.

 

     Definitivamente el arduo trabajo de comunidades indígenas y campesinas desarrollado durante miles de años, ha sido afectado en los últimos siglos. Sin embargo estos avances en materia de selección y domesticación, comenzaron a revertirse de una forma tan acelerada durante las últimas décadas, que solo llegan informes y reportes hablando de una incalculable pérdida que nadie pareció prever, aún cuando los procesos de reemplazo se hacían evidentes y con estrategias bastante conscientes de querer imponer un nuevo tipo de semilla sobre aquella tradicional, presentándola casi como un producto con fecha de caducidad, que luego de un uso determinado queda obsoleto. Aún así la semilla como toda vida, evoluciona, muta, se adapta y se supera a sí misma, porque la vida como tal, nunca pasa de moda, ya esté contenida en un cuerpo humano, o esté adormecida en una semilla que solo espera germinar.

 

 

 

Extracto de:

– Órdenes, E. 2015. Biodiversidad, la historia de una pérdida. (cap. IV, pp. 82 – 86). En: Biodiversidad de la Provincia de Huasco: Rescate de la biodiversidad agrícola con valor alimentario y patrimonial de las comunidades diaguitas y campesinas. Santiago: Ocho Libros Editores. 508 p.

 

 

Referencias:

– Baeza, P. 1994. La nueva enfermedad: Uniformidad. CERES 150, Revista de la FAO 26 (6): 41-47.

 

– Bellon, M. 2004. Conceptualizing interventions to support on-farm genetic resource conservation. World Development, 32 (1): 159-172.

 

– Biggs, M. 2004. El gran libro de las hortalizas. RBA Integral. 257 p.

 

– CDB. 2008. La Biodiversidad y la Agricultura: Salvaguardando la Biodiversidad y asegurando alimentación para el mundo. En: Día Internacional de la Diversidad Biológica: 22 de mayo de 2008. Montreal. Convenio sobre la Diversidad Biológica. 56 p.

 

– Ceccon, E. 2008. La revolución verde, tragedia en dos actos. Ciencias, 1 (91): 21-29.

 

– Cubillos, A. y P. León. 1995. Chile: Informe Nacional para la Conferencia Técnica Internacional de la FAO sobre los Recursos Fitogenéticos (Leipzig, 1996). [en línea].  Recuperado en: <http://www.fao.org/fileadmin/templates/agphome/documents/PGR/SoW1/americas/CHILE.pdf>. [Consultado el: 12 de febrero de 2015].

 

– Chavéz – Servia, J.; J. Tuxill y D. Jarvis (eds.). 2004. Manejo de la diversidad de los cultivos en los agroecosistemas tradicionales. Cali, Colombia. Instituto Internacional de Recursos Fitogenéticos. 255 p.

 

– Del Castillo, L. 2004. Diversidad biológica y biopiratería: El caso de la maca. Debate Agrario, 37 : 23-38.

 

– Donelan, P. 2009. Cultivo de semillas. California: Ecology Action. 56 pp.

 

– Egea, J.M. y J. González. 2012. Estado de los recursos fitogenéticos desde la perspectiva de las redes de semillas. Revista Agroecología, 7 (2): 47-63.

 

– Esquinas, J. 2009. Biodiversidad agrícola, biotecnología y bioética en la lucha contra el hambre y la pobreza. Revista Latinoamericana de Bioética, 9 (1): 102-113.

 

– FAO. 1995. Necesidades y recursos, geografía de la agricultura y la alimentación. Roma, Italia, 127 pp.

 

– FAO. 1996. Informe sobre el estado de los recursos fitogenéticos en el mundo. En: Conferencia Técnica Internacional sobre los Recursos Fitogenéticos. 16-18 de noviembre de 1996. Leipzig, Alemania, 85 pp.

 

– Jeffery, M. 2002. Bioprospecting: Access to Genetic Resources and Benefit- Sharing under the Convention on Biodiversity and the Bonn Guidelines. Singapore Journal of International & Comparative Law, 6: 747-808.

 

– Kato, A.; R. Ortega; E. Boege; A. Wegier; J. Serratos; V. Alavez et al. 2013. Origen y diversidad del maíz (cap. I, pp. 25 – 59). En: Álvarez – Buylla, E. y A. Piñeyro (eds.). El maíz en peligro ante los transgénicos: Un análisis integral sobre el caso de México. 568 p.

 

– Leff, E. 2001. Presentación (pp. 7 – 17). En: Leff, E. y M. Bastida. Comercio, Medio Ambiente y Desarrollo Sustentable: Perspectivas de América Latina y El Caribe. Serie Foros y Debates Ambientales 2. México D.F. Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente. Universidad Nacional Autónoma de México. 449 p.

 

– León, J. 1992. Los recursos fitogenéticos del nuevo mundo (pp. 3 – 22). En: Hernández, J. y J. León. Cultivos marginados otra perspectiva de 1942. Colección FAO: Producción y protección vegetal 26. Roma, Italia. 341 p.

 

– Martínez – Alier, J. 1994. Agricultura campesina, mercado y biodiversidad. Valoración económica vs. Valoración socioecológica. Nueva Sociedad (132): 30-43.

 

– Massieu Y. y F. Chapela. 2002. Acceso a recursos biológicos y biopiratería en México. El Cotidiano, 19 (114): 72-87.

 

– Plucknett, D; J. Williams; N. Smith y N. Anishetty. 1992. Los bancos genéticos y la alimentación mundial. Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura IICA, 260 pp.

 

– Ribeiro, S. 2001. Propiedad intelectual, recursos y conocimientos tradicionales (cap. 22, pp. 363 – 380). En: Leff, E. y M. Bastida. Comercio, Medio Ambiente y Desarrollo Sustentable: Perspectivas de América Latina y El Caribe. Serie Foros y Debates Ambientales 2. México D.F. Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente. Universidad Nacional Autónoma de México. 449 p.

 

– San Vicente, A. y A. Carreón. 2013. La disputa por el maíz: comunidades vs. transgénicos en México (cap. 17, pp. 493 – 525). En: Álvarez – Buylla, E. y A. Piñeyro (eds.). El maíz en peligro ante los transgénicos: Un análisis integral sobre el caso de México. 568 p.

 

– Toledo, V. y N. Barrera – Bassols. 2008. La memoria biocultural: La importancia ecológica de las sabidurías tradicionales. Editorial Icaria, 230 p.

 

– Tuxill, J. 1999. Appreciating the benefits of plant biodiversity. W.W. Norton & Company, New York, pp. 96-114.

 

– Van Dam, C. 2001. La equidad en el convenio sobre diversidad biológica: Transitando un campo minado. Debate Agrario (33): 91-122.

 

– Zerda, A. 2002. Derechos de propiedad intelectual sobre conocimiento vernáculo. Trabajo de Doctorado en Economía. Bogotá, D.C. Universidad Nacional de Colombia. Facultad de Ciencias Económicas. 224 h.

 

Artículos

BIODIVERSIDAD ALIMENTARIA