El camino de las semillas de los campos a los bancos.

La pérdida de biodiversidad agrícola es un hecho absolutamente aceptado por la comunidad científica, y también por muchos indígenas y campesinos que en algún momento donaron sus semillas, a las cuales hoy ya no tienen acceso.

La historia es conocida, se remonta hace unos 10.000 años atrás, el ser humano decide asentarse y para esto tendría que pasar de la recolección a la producción de su propio alimento. Se daba entonces inicio a una relación inalienable entre humano y vegetal que traería consigo una innumerable biodiversidad alimentaria, que evolucionaría junto a él en un acto de dependencia mutua. La historia de la diversificación cultural, sería igualmente aquella de la diversificación vegetal, lo que hoy se conoce como “diversidad biocultural”, y se esparce por toda la rica ruralidad latinoamericana, llena de tradiciones, cultura y espiritualidad, aunque claramente no es la misma de hace 50 años atrás, ha sido intervenida, sometida y erosionada.

Es la mañana de un día cualquiera, Hortensia Lemus, indígena diaguita de la Región de Atacama, representante de la Alianza Biodiversidad Alimentaria, espera ansiosa la llegada de distintos agricultores que vendrán a reinaugurar el primer Semillero de las comunidades indígenas y campesinas de Chile. Han sido años de trabajo constante e incondicional, las semillas ya no pueden andar esparcidas por ahí, había que construirles casa fija. La primera fue sólo un container prestado y luego retirado, y aunque no hay ningún tipo de apoyo para la iniciativa, el equipo decide actuar, “las semillas son la base de nuestra vida, nos servirán a todos, así que todos aportaremos”. La ausencia de recursos se compensaría con trabajo y la voluntad, es así que el mes de septiembre de 2018 con la dirección de los dos maestros del equipo Gilberto y Andrés, materiales reciclados y pequeñas colectas, se inaugura el semillero fijo, con aprox. 1.000 variedades distintas de semillas tradicionales. Se continúa también con los semilleros de campo a cargo de distintos agricultores, Carlos Castillo el maestro de todos, Ricardo, Ruth, María Eugenia, Miguel, la misma Hortensia y otros tantos, se encargan cada año de mantener a la semilla evolucionando, adaptándose y produciendo alimentos en un desierto de transición que cada ciertos años florece en un espectáculo incomparable.

Los años de trabajo de recuperación de sus semillas tradicionales han dejado valiosa y preocupante información, las semillas desaparecen de los campos con una rapidez que asusta, la sustitución por semillas modernas y los monocultivos se presentan como las principales causales, no es novedad. Este concepto conocido como erosión genética viene siendo advertido desde hace décadas y se aceleró desde los años ‘50 cuando la llamada Revolución verde invade los campos con su semilla híbrida, que con su fama de ser mejorada y de alto rendimiento, subvencionada por su alto costo, sedujo a gran parte de los custodios de semillas tradicionales a adoptarlas, dejando a su propia semilla olvidada.

En las tantas reuniones, en conjunto con el pueblo mapuche y aymara, sale a la palestra el tema de los bancos de germoplasma, que muchos de ellos han visitado, dicen que hay miles de semillas, que muchos fueron con la ilusión de traer algunas, a otros se les dijo que mandaran solicitudes. En conclusión, de los cientos de agricultores partícipes, absolutamente ninguno ha recibido semillas de estos bancos, ni una sola. Comienzan entonces a aparecer un sin número de dudas y entre conversa y conversa, también muchos recuerdan la cantidad de veces que han dado sus semillas a diversas instituciones e investigadores sin cobrar ni preguntar nada.

Los bancos de germoplasma, se masifican con la creación del grupo consultivo (GCIAI) el año 1971, cuyos fundadores serían entre otros, el banco mundial, la FAO, las fundaciones Rockefeller y Ford junto a algunos gobiernos de países industrializados. Es así que, a comienzos de los años ‘70 habían menos de 10 bancos con medio millón de muestras aprox., y para el año 2010 ya sumaban más de 1750 con más de 7,4 millones de muestras, cambiando drásticamente el mapa mundial de recursos fitogenéticos, su disponibilidad y dueños.

¿Cómo se llenaron?, con misiones o expediciones de recolección, cuyo blanco principal eran precisamente comunidades indígenas y campesinas, son ellos quienes han mantenido sus semillas, ya sea por tradición o por como dicen algunos profesionales, por no tener acceso a la semilla mejorada por su alto costo. Respecto a eso, los agricultores tenían mucho que opinar, un solo ejemplo: en Chile, 5000 semillas de un tomate tradicional indeterminado son gratuitas, 5000 de una variedad heirloom pueden costar 18,7 dólares, sin embargo la misma cantidad de un híbrido costarán 749 dólares, este ejemplo puede replicarse a diversas especies. Las misiones de recolección no consideran fronteras, por ejemplo entre 1999 y 2007 Japón organizó 40 misiones de recolección en otros países, por su parte USA en febrero de 1992 colectó 9 accesiones de poroto desde el mercado público de Temuco, Chile, sin embargo años antes, en 1962, colectó 527 variedades que luego donó al CIAT, la mayoría de las cuales ya no se encuentran en los campos nacionales.

¿Quién tiene acceso?, para esto existen los llamados acuerdos de transferencia de material (ATM), exclusivos para investigadores. Existen algunos ejemplos muy aislados y poco frecuentes de entrega a agricultores, pero es la excepción de la norma. Por otra parte entre los bancos de distintos países también realizan intercambios, es así que se pueden dar casos bien particulares, por ejemplo Argentina declara tener 7 variedades tradicionales de quínoa, 5 del país y 2 chilenas, sin embargo en una estación experimental de Bolivia cuentan con 16 variedades de quínoa tradicionales de Argentina. La República Eslovaca en uno de sus bancos tiene 8 accesiones de quínoas originarias de Chile, sin embargo le fueron donadas por USA. En República Checa existe una accesión de trigo Copifen chileno (hoy desaparecido de los campos) que les donó el IPK Alemán, este mismo instituto tiene el tradicional ají Cristal Chileno que les fue donado en 1960 por el VIR de Rusia.

¿Hay semillas más importantes que otras?, evidentemente las colecciones más grandes son de los 4 principales cultivos con los que hoy se alimenta el mundo, habiendo cientos de especies de importancia alimentaria que hoy se consideran subutilizadas, solo por no ser comerciales, por ejemplo la quínoa y el amaranto que hasta hace algunos años eran solo de importancia para pueblos indígenas latinoamericanos, hoy se consideran súper alimentos. El año 2000 la UBA de Argentina no declara variedades de quínoa, sin embargo en 2010 informa de 500 accesiones. El CENARGEN de Brasil el 2000 reporta 13 accesiones de amaranto, pero el 2010 estas ascendieron a 2328, claramente es la tendencia económica la que condiciona los bancos de germoplasma. Por ejemplo las especies silvestres (ESAC), que son una importante fuente alimentaria y genética para posibles mejoras necesarias en un contexto de cambio climático, han sido absolutamente postergadas en prioridad solo por no ser comerciales, es así que el 2010, aún se encontraban insuficientemente representadas en los bancos y sin información respecto a su estado in situ, esto según los informes internacionales de recursos fitogenéticos.

¿Quiénes son los beneficiarios directos?, son los países desarrollados quienes poseen el mayor número de muestras. En 1996 un 45% de estas se repartían entre 12 países, luego en 2010 sólo entre 7, con una preocupante tendencia a la concentración, si a esto sumamos que la producción y distribución de semillas en dichos países está cada vez más en manos de privados, parece quedar claro quiénes son los principales beneficiados. Sería interesante saber cuánto del material de los bancos de germoplasma se va a manos de empresas, pero en general, no se dispone de esta información. El uso que se le da a las semillas en los bancos es con fines de mejora, para supuestamente entregar semilla de mejor calidad a los agricultores, esto conlleva entonces a mantener los procesos de sustitución que han sido indicados como la principal causa de la erosión genética, gran contradicción entonces. Por lo demás son muchas las semillas tradicionales que igualan o superan a híbridos en cuanto a rendimientos, produciendo semilla viable, accesible y adaptada a diversas condiciones de campo.

Negar la importancia de los bancos de germoplasma sería absurdo, en los campos latinoamericanos así como Hortensia y su grupo, se repiten las iniciativas de conservación de semillas en lugares especiales, son necesarios, sin embargo debiesen ser un complemento de la conservación en campo, manteniendo los procesos evolutivos de la semilla, que han sostenido la propia vida humana. Cuesta creer que a algunos kilómetros del semillero de doña Hortensia, está un banco base con miles de semillas en frío, que hoy podrían estar en los campos. Hay entonces una pregunta que no podremos contestar, ¿por qué los principales custodios y fitomejoradores históricos han quedado privados del acceso a los recursos fitogenéticos que ellos mismos donaron?. Es paradójico ver que mientras hablamos de erosión genética, los bancos de germoplasma estén llenos de ella, en un estado difícil de evaluar, con muchas muestras en riesgo de perderse por los años, por la falta de regeneración y principalmente, por la ausencia en estos procesos de sus principales protectores.

Accesiones de maíz en los bancos de germoplasma
N° de accesiones de maíz en los bancos de germoplasma de diferentes países a lo largo del tiempo.
Accesiones de poroto en los bancos de germoplasma
N° de accesiones de poroto en los bancos de germoplasma de diferentes países a lo largo del tiempo.
Accesiones de papa en los bancos de germoplasma
N° de accesiones de papa en los bancos de germoplasma de diferentes países a lo largo del tiempo.
Accesiones de tomate en los bancos de germoplasma
N° de accesiones de tomate en los bancos de germoplasma de diferentes países a lo largo del tiempo.

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